Las piedras que lleva el rio
Las cinco de la tarde, es hora de soltar mis delirios; se me antoja un poco el bosque porque hoy te siento húmedo, tan terrenal como que hueles a tierra y musgo y percibo tus raíces clavadas en mi piel, levantándose de entre las piedras que llevo en el corazón. Si trato de mirar el cielo, te elevas en la copa de un roble de un verde espeso que penetra mi mirada, que me invade como brisa fresca llenando mis pulmones de otros aires; se destapan los poros sellados y entras con tu sudor, rociándome la memoria de la piel que florece de hojas verdes y por vez primera me gustan las flores. He dejado de mirar las ramas, el corazón de lo oscuro, que consume lo verde, que lleva todo a un abismo en el corazón de ramas secas entretejiéndose de manera incomprensible, rodeando mi alma de una coraza seca invencible; he tomado como asiento esa roca pegada a las faldas de tu tronco y te huelo a madera, y para recargar mi cabeza me gusta tu aspereza y esas palabras sin filtro que me ...