No es un aroma más.
¡Estamos locos!, pensé. ¿Qué destino en su sano juicio querría que tú y yo nos besáramos esa noche? Francamente creo que ninguno pero fueron nuestros labios los que no soportaban esa lejanía, que aún sin conocerse estaban seguros que habría un antes y un después. Y así fue. Salimos a tomar unos tragos, tenía poco que acababa de llegar a la ciudad y no conocía técnicamente a nadie. Siempre me he caracterizado por mi apatía para relacionarme, mi falta de gracia para contar chistes o simplemente el flirtear. Me preguntaba constantemente que nuevas aventuras me esperaban acá y cuando esbozaba una pequeña sonrisa de lo que llamaremos felicidad, me forzaba a ocultarla. Toparme contigo esa tarde no fue casualidad. Caminaba sobre la avenida principal, huyendo del frío me adentré a la cafetería que está sobre la calle 26 con 15, a un costado de la torre más moderna del lado septentrional del hemisferio. Al abrir la puerta un aroma me atrapó, había tantos estímulos en el aire: canela y manzana, ...