Permanencia
Mañana que no volvamos jamas
a ese lugar secreto a encontrarnos;
Porque un día debe terminar como acaban todas las cosas,
marchitas en el tiempo y solo las reales, perennes en la memoria.
Llega el viento de verano y
arrastra consigo el polvo
de lo que fueron las flores marchitas,
en el silencio tenebroso del olvido
en el sigilo del paso del tiempo.
Tiempo, tiempo,
neblina de la existencia,
vórtice feroz de la vida,
amante causal de la puta vida.
Si mañana dejara de existir
que me sepulten mis recuerdos,
déjenme grabado en la piel el nombre ese
que jamás podra ser nombrado.
Al que pedí un día que no me dejara
y sin embargo
yo palpaba en aquellos rincones
una efímera permanencia,
un momento inmortal reencarnado en memoria,
un momento endeble,
arrastrado inevitablemente
por el paso del tiempo.
¿Cuántas veces se vale repetir
hasta que un día, simplemente un día, desaparezcas y dejes de ser
quien alimenta a mi piel de recuerdos?
Cuánto no es la medida correcta
sino cómo o en qué fecha,
qué día será el día
que momento será el momento
que dejaras de ser permanencia
para volverte ausencia.
¿Me olvidarás algún día? -me pregunto-
Tal vez cuando deje de crecer mi cabello,
o cuando esta neblina, que cubre nuestra existencia,
se despeje
dejando a la vista tu muerte o la mía,
y alguno de los dos sea arrastrado como polvo en el viento,
o la razón o razones no alcancen para mantenernos caliente el alma
o los años marchiten nuestras ganas
y la furia de hacer frente a la lujuria.
Tal vez al fin un día, deseando volver a vernos volver a encontrarnos,
toquemos las manos, nos demos un beso, miremos nuestros ojos,
demos la vuelta cada quien por su lado
sin saber que se acabó la permanencia
Y de ti jamás vuelva a saber...
solo tal vez el tiempo es ahora.
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