El vaivén
El modo en que la brisa me mueve los recuerdos,
recostada en la arena mirando esa línea
que desune el mar con las estrellas;
ese vaivén que arremolina mis cabellos con la tierra.
Suspiro por aquel tiempo perdido,
es el vaivén quien te encuentra en mis cinco sentidos.
Toco esa noche oscura con las yemas,
cierro los ojos y aparece ese vaivén
que me mece sobre tu cuerpo desnudo.
Los dos nos perdimos en el reflejo de aquel espejo,
éramos extraños y extranjeros en ese encuentro,
como que nos trajo la marea,
caminábamos en sentidos opuestos
hasta que chocaron nuestros besos,
inevitable fue no encontrarnos,
Inevitable era no mirarnos.
Besabas mis hombros, me quitaba la ropa,
y tu carne tibia se encendía con la mia,
de un lado a otro me tendías,
por la espalda, por las piernas,
Y esa risa que me decía que terminabas,
aún me retuerce las entrañas.
No había ternura,
era una marea de salvajes olas revolcandome el cabello,
estrujando mis pezones, y te vi tendido, acabado
y supe que la marea te alejaría;
probé el sabor, te saboreé y aprisoné la sensación.
Las mareas vienen y van
y revuelven todo lo que se llevan consigo
y se adentran de nuevo en ese punto
que desune el mar con las estrellas
y todo vuelve a la calma, al olvido,
y el vaivén desaparece.
recostada en la arena mirando esa línea
que desune el mar con las estrellas;
ese vaivén que arremolina mis cabellos con la tierra.
Suspiro por aquel tiempo perdido,
es el vaivén quien te encuentra en mis cinco sentidos.
Toco esa noche oscura con las yemas,
cierro los ojos y aparece ese vaivén
que me mece sobre tu cuerpo desnudo.
Los dos nos perdimos en el reflejo de aquel espejo,
éramos extraños y extranjeros en ese encuentro,
como que nos trajo la marea,
caminábamos en sentidos opuestos
hasta que chocaron nuestros besos,
inevitable fue no encontrarnos,
Inevitable era no mirarnos.
Besabas mis hombros, me quitaba la ropa,
y tu carne tibia se encendía con la mia,
de un lado a otro me tendías,
por la espalda, por las piernas,
Y esa risa que me decía que terminabas,
aún me retuerce las entrañas.
No había ternura,
era una marea de salvajes olas revolcandome el cabello,
estrujando mis pezones, y te vi tendido, acabado
y supe que la marea te alejaría;
probé el sabor, te saboreé y aprisoné la sensación.
Las mareas vienen y van
y revuelven todo lo que se llevan consigo
y se adentran de nuevo en ese punto
que desune el mar con las estrellas
y todo vuelve a la calma, al olvido,
y el vaivén desaparece.
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