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Mostrando las entradas de agosto, 2013

Luminosidad.

La lluvia veraniega llegó para mitigar el calor que en toda la semana perduró en la ciudad. Las gruesas gotas caían en el tejado y los truenos hacían que buscaras refugio en mi pecho; le ordené a mi corazón latir un poco más despacio, les tengo tanto pavor. Te besaba la sien y en tu mirada notaba una tranquilidad que se contagia; necesitaba ver esos ojos para comprender la naturaleza y el destino de las cosas. Una vida no se mide en la cantidad de bienes materiales adquiridos, en los triunfos personales y colectivos, o peor aún, en los años vividos. Descubrí que al final, valen más los besos. Si fuéramos conscientes del calor que albergan unos labios y de la suave estampa que nos dejan al plasmarse en nuestra piel, la vida podría llamarse como tal y no sería esta transición de la esencia rudimentaria a lo tergiversado y destilado del espíritu. Y a lo lejos veíamos un destello que nos recordaba lo cual indefensos somos ante el cielo.