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Mostrando las entradas de mayo, 2017

Día 500

En realidad ya no recuerdo tus rasgos, ni el grosor de tus labios, tu fragancia se ha vaciado completamente; pero te recuerdo las manías y las palabr as. Hoy te sentí en un puño de tierra, ¡Que banal se ha vuelto mi mente! Encontrar una sensación en los hilos de tu bufanda marrón. Te escribo al viento, pues, tengo el deseo de que un día de estos te alcance y sientas mis palabras en una brisa matutina o andes descalzo, desnudo sobre el césped mojado, y recuerdes mi cuerpo en el tuyo. A veces ya no sonrío, pues se me apaga el sonido sin aquel eco tuyo y vivo con el corazón en frío. Noche tras noche el acompasado latir de mi corazón se conmueve un poco, y sé que llora, porque me suplica en murmullos por ti, se priva algunas veces y parece que se detiene por segundos, y yo lo ignoro y me quedo viendo hacia la nada, hacia la negrura, no hay lagrimas ni remordimientos y mis recursos para complacerlo se hacen escasos e ilegibles. Espero encontrarme sentido cuando desaparezcas en un hoyo negro...

Soledad.

A veces cierro los ojos y te anhelo... esa compañía real que me lleva al abandono y te deseo como vía de escape en las noches de sombras y fantasmas sin nomb re. Surges del humo del cigarro que fumo cada fin de de semana,  para contarte mis penas y las furias que me atormentan,  para decirte que odio al hombre con rostro   y odio al que ni siquiera existe. Déjame arrastrarme al vórtice de la demencia donde ahora tengo tan fieles amigos: los delirios, la locura y ese trastornado ser que se llama mi alma. Caminé debajo de las sombras tantas veces, creyéndome en el camino seguro, pero un día descubro que yo soy el reflejo, la ilusión y un sueño pasajero. Descubrí: que mi carne es un nido temporal para aves de otoño y mi corazón es tan pequeño que se volvió obsoleto. Soy la que nació como para no ser y vivir siempre con los ojos mojados y el corazón a pedazos. Tan liviana para que el viento me lleve y tan pesada como para habitarme yo misma; los q...