Día 500
En realidad ya no recuerdo tus rasgos, ni el grosor de tus labios, tu fragancia se ha vaciado completamente; pero te recuerdo las manías y las palabr as. Hoy te sentí en un puño de tierra, ¡Que banal se ha vuelto mi mente! Encontrar una sensación en los hilos de tu bufanda marrón. Te escribo al viento, pues, tengo el deseo de que un día de estos te alcance y sientas mis palabras en una brisa matutina o andes descalzo, desnudo sobre el césped mojado, y recuerdes mi cuerpo en el tuyo. A veces ya no sonrío, pues se me apaga el sonido sin aquel eco tuyo y vivo con el corazón en frío. Noche tras noche el acompasado latir de mi corazón se conmueve un poco, y sé que llora, porque me suplica en murmullos por ti, se priva algunas veces y parece que se detiene por segundos, y yo lo ignoro y me quedo viendo hacia la nada, hacia la negrura, no hay lagrimas ni remordimientos y mis recursos para complacerlo se hacen escasos e ilegibles. Espero encontrarme sentido cuando desaparezcas en un hoyo negro...