El espía.
Aquí estoy, sentada sobre uno de los escalones de la entrada principal a la casa. Adentro sólo se encuentra tu silencio; tu vacío en la cama ha conseguido que abandone por unos instantes la alcoba para buscar el abrigo de la noche. Aunque hay bastantes nubes por allá arriba, en mis ojos se resiente e incluso comienzan a gotear finas gotas de ansiedad. Necesito de ti amor mío. Han sido las palabras que se me escapan de mis labios, a la par que trato de esbozar una sonrisa forzada, la cual obsequio al perro que me acompaña durante este momento de vacilación. Me mira de una forma tan compasiva; pareciera que trata de decirme algo, algo que te oyó decir antes de tu partida. Algo que no escucharé hasta que de nueva cuenta te pares sobre este suelo y tenga la dicha de escuchar tu potente voz.