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Mostrando las entradas de octubre, 2013

El espía.

Aquí estoy, sentada sobre uno de los escalones de la entrada principal a la casa. Adentro sólo se encuentra tu silencio; tu vacío en la cama ha conseguido que abandone por unos instantes la alcoba para buscar el abrigo de la noche. Aunque hay bastantes nubes por allá arriba, en mis ojos se resiente e incluso comienzan a gotear finas gotas de ansiedad. Necesito de ti amor mío. Han sido las palabras que se me escapan de mis labios, a la par que trato de esbozar una sonrisa forzada, la cual obsequio al perro que me acompaña durante este momento de vacilación. Me mira de una forma tan compasiva; pareciera que trata de decirme algo, algo que te oyó decir antes de tu partida. Algo que no escucharé hasta que de nueva cuenta te pares sobre este suelo y tenga la dicha de escuchar tu potente voz.

Posesión.

Últimamente tengo la tendencia paranoica de temer a la noche; y al encontrarme desprotegido entre la oscuridad de la alcoba y las pocas ideas claras de mi pensamiento, tu aroma se cuela por las rendijas de mi ventana. Mi pulso se altera y el ventilador que gira y gira constantemente no me ayuda en lo mínimo a controlar mi impulso; ése, el de aventurarme y salir a rondar por la calle para poder toparme de frente con tu silueta. La traviesa luz de la luna de octubre, se filtra por el espacio perfecto que se forma entre las cortinas y me acaricia los cabellos de una forma tan somnífera. Resulta que su veneno es tan efectivo, pues, entre mis sueños pubertos comienzo a recordar la última noche de tu presencia. ¿O son acaso sólo piezas prestadas de otros rompecabezas?