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Mostrando las entradas de 2015

En pensamiento, palabra, obra y omisión

Tenía tantos argumentos para comenzar a escribir este último texto y como si estuviéramos frente a frente, una vez más me he quedado en blanco. Sin decir nada te fuiste, no te culpo, también lo hubiera hecho. Nadie en su sano juicio podría aguantar la tortura de ver partir al ser deseado, y para ser sincero, en mi mente estás muerta. Esa es la única estrategia que encontré para poder contrarrestar el no saber nada de ti, aunque yo quise que fuéramos amigos como siempre lo fuimos, simplemente decidiste salir de escena para continuar con tu vida. No había nada más por delante.

La Vertiginosa Caída del Rey 6.0

Hay maneras correctas de hacer una vida, pero pareciera que siempre se escogen las más incorrectas e inevitablemente convierten al futuro en una estridente montaña rusa que despoja al ser de los escasos rasgos de humanidad que aún sobreviven después de miles de años de evolución. ¿Dramatismo? Por supuesto, siempre que la muerte anda cerca de uno es predecible que inmediatamente las plegarias comiencen a elevarse hasta el infinito. Y quien no lo haya hecho seguramente yace tres metros bajo tierra. ¿La cobardía será sinónimo de supervivencia? Revelarse en estos días puede ser bastante hipsteriano , la comodidad intelectual y emocional se ha resumido en breves mensajes expulsados hacia la vorágine hambrienta de morbo selectivo: las redes sociales. Incluso este texto es un intento fallido de lo que en el pasado pudo nombrarse como un tratado, pero que debido a nuestra fructífera evolución como sociedad es casi totalmente “incomprendido”.

Las piedras que lleva el rio

Las cinco de la tarde, es hora de soltar mis delirios; se me antoja un poco el bosque porque hoy te siento húmedo, tan terrenal como que hueles a tierra y  musgo y percibo tus raíces  clavadas en mi piel, levantándose de entre las piedras que llevo en el corazón. Si trato de mirar el cielo, te elevas en la copa de un roble de un verde espeso que penetra mi mirada, que me invade como brisa fresca llenando mis pulmones de otros aires; se destapan los poros sellados  y entras con tu sudor, rociándome la memoria de la piel que florece de hojas verdes y por vez primera me gustan las flores. He dejado de mirar las ramas, el corazón de lo oscuro, que consume lo verde, que lleva todo a un abismo en el corazón de ramas secas entretejiéndose de manera incomprensible, rodeando mi alma de una coraza seca invencible; he tomado como asiento esa roca pegada a las faldas de tu tronco y te huelo a madera, y para recargar mi cabeza me gusta tu aspereza y esas palabras sin filtro que me ...