Decidí venir esta noche a visitarte porque van dos días que llueve en la ciudad y por las noches me es imposible dormir. Ciertamente es un atrevimiento de mi parte llegar de la nada, pero creo conocerte y algo me susurra al oído que a ti te sucede igual. - Estás empapado, deja subo por una toalla para que te seques. Acomódate en la sala si gustas; hace tanto te esperaba y como vi que no llegabas, me prometí no emocionarme si algún día lo hacías. Disculpa mi frialdad. ¿Cuál frialdad?, pensé. Desde que puse un pie en tu hogar he sentido como en mi piel, mis poros se alimentan del calor que emana de ti, de tu respiración y de esa sonrisa adornada con hoyuelos, de ese cabello castaño que has recortado más allá de los hombros. Y de esos ojos, de esa mirada con la que no puedes engañarme. - ¿Hace cuánto que no te veía? ¿Una semana, cinco meses, ocho años o tal vez desde hace seis vidas? - ...