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Mostrando las entradas de febrero, 2013

El encuentro con un desconocido.

¿Será posible que, sin buscarnos llegamos al momento exacto para encontrarnos; tu entre mucha gente, viviendo a una distancia inmensa uno del otro, cada cual con su vida, cada quien con sus planes, para ser tan casuales en un juego de la vida? Necesitando un poco de diversión, de pronto capte tu atención,   aceptando un baile sin sospechar, que sería el principio de una necesidad. Reconozco que la compañía de un extraño jamás me había hecho tanto favor, tu sonrisa me indujo a reír, me causaste una milagrosa amnesia, cuando lo único que recordaba era su esencia. Los pasos que tanto temía no dar para olvidar, tú los diste por mi y abriste ante mí una nueva oportunidad, en una noche caprichosa; en un encuentro inesperado; en la exhalación de aquel ultimo cigarro; en un beso que firmo en mis labios “habrá otro día”. ¿Será posible borrar con tu sonrisa todo pensamiento que me acerca al pasado? Desde el lunar a un lado de tu boca, hasta la orilla de tu sien, mirando tu es...

La penosa canción de Joaquín.

Somos el resultado de la suma de momentos perdidos, asentimos con total beneplácito esos instantes temidos. Cautivamos al somnoliento girasol y a la alegre rosa, pero no nos fijamos que nuestra acción es deshonrosa. Robamos tiernas fantasías que emergen en un prostíbulo, complacientes damiselas reparten tiernas y finas caricias. Viajeros y fugitivos frecuentes rondaban en el vestíbulo, se abrigaban con las lúgubres, pero cálidas risas ficticias. Te sentaste a mi lado y tu silencio se convirtió en una losa, tenía una infinidad de deseos, todos ellos estaban prohibidos. El erotismo que desbordabas me incitaban a una sola cosa, era llevarte a mi cama y poder por fin, saborear tus gemidos. Nos abríamos paso entre toda la multitud y sus inmundicias, llegamos jadeando a la puerta con el calor en cada músculo, Proseguimos a desvestirnos, contemplar las vastas delicias, nuestras siluetas sombreadas fueron el perfecto estímulo. Emergieron palabras incom...

Lasciva realidad.

Y empezamos entre las cobijas, recitándonos palabras tiernas que salen casi solas en el momento en que la desnudez le gana a la frivolidad. Enamorarnos no era la intención de principio, pero al final el destino nos hizo una de esas jugarretas que conviene enmarcar en nuestra sala de descanso, para el resto de nuestros días. Los besos se escapaban a la par de las risas, nuestras miradas se cruzaban y por ciertos lapsos sentíamos esas cosquillas en el estomago; la juventud volvía a nuestros cuerpos, aquellas ruinas que ansiaban esa volatilidad de colores y movimientos que les permitieran, a lo mejor, por última vez probar de ese gesto peculiar. Mi nariz tocaba tus mejillas y mi sentido del olfato se veía bendecido con tu fragante aroma a virginidad. Es curioso, pues las hojas secas que dejaste con tu andar al llegar hacia mi, me pudieron haber engañado por completo. Pero a la razón decidí guardarla bajo llave en la gaveta de mi buró y decidí determinadamente vestirme con la inocenci...

Alfa-omega.

A brázame b ien c uando d uerma; e spasmos f inales g ritan h oy i ncinerando j uncosos k ilómetros l ejanos, m isteriosas n evadas o pacaron p alabras q uebrantadas. R etinas s omnolientas  t ransitarán u niversos v agos, w alkirias x enofóbicas y uxtaponen z ozobras. Z anfoñas y x ilófonos w olfrámicos v ersarán u n t riste s ilencio; r esponde: ¿ q uién p odría o bligar n uevamente m acerar l a k inestesia j uzgadora? I nvento h istorias, g anas  f ervientes  e sperarán  d arte c ada b eso a frodisiaco.

La golondrina sólo anidó.

Murmullos repetidos cautivan los desordenes provocados por la caída de la noche en la isla. Como presa fácil, comienzas a emprender la huida hacia un punto seguro dentro de lo desconocido; la ironía de tus palpitaciones van en aumento y lo hueco de tus pasos entre la maleza espantan a las criaturas malévolas que rondan tus pensamientos. La insospechada oscuridad te vuelve una saeta con cada milímetro que recorres, pero tu poca visión te merma la seguridad y la noción entre lo lejano y lo irreal. Torrentes intermitentes de insospechada adrenalina recorren tus arterias, escuchas tu nombre entre el flujo de aire que va visitando benévolamente cada árbol y cada flor que sucumbe ante la joven oscuridad. En el cielo, la primera estrella hace su aparición; como en aquel pasado no lejano, deseas con todas tus fuerzas regresar a la odiada sociedad. No estás solo, su presencia te acompaña.