Ya no hay luz.
Un poco de felicidad para esta ingenua complicidad me pides. No quiero
fallarte, te digo, aunque al mirarte solo callo, apago la voz del tormento y el fracaso. Te observo tan pleno y no sé como gritarte que ya no seguiré tus pasos.
Mientras corríamos, ambos queriendo devorar el mundo, debo admitir que
he caído. He roto mis rodillas intentando inútilmente incorporarme al camino. Volviste, es cierto, y parece que no estoy destinada a seguirte el
vuelo.
Tejí unas grandes alas de ilusiones, me aferre con todas mis fuerzas a las alturas solo para caer en profundas llanuras. Cuando volviste me sentí ave en libertad de nuevo, pero, ¿a quien engaño?
Fui un ave de compañía en los cielos en algún momento y después de
eso, solo quedó abierto un gran abismo de daño.
Lo cierto es que siento que ya no hay cielos que me abracen, ni astros
de luz seduciéndome. Estoy quedando ciega, pues frente a mi solo puedo ver
obscuridad cuando intento volar una y otra vez. ¡Alguien me ha robado el alma!
Ya no soy un ave inmortal e invencible, siento que el mar me cubre, se
ha empapado mi plumaje y me han mutilado los pies, estoy en cautiverio, soñando
cada noche con los cielos encerrada en una jaula de cristal.
Disculpa estas palabras pero cuando alguien se ausenta las cosas cambian
constantemente, no sé si vuelves por lo que era o si te quedaras por lo que soy ahora.
Sé que hay tantos horizontes por explotar, senderos por transitar y
misterios por descubrir. Cada día alzo mi rostro y el mismo sol nunca deja de
brillar, ansío seguir volando y traspasar cada nube cantando, pero mi mente
terrenal ha olvidado volar.
Te has preguntado alguna vez ¿qué es lo que hace a un ave tan míticamente
envidiada? El día que abandoné las
alturas, fue para caer al aire con olor a muerte; me inundó el miedo, perdí de vista
la luz, agache el rostro y me rodeo un abismo de incapacitados, de los que
miran bajo, y aprendí de ellos su costumbre de caminar sobre sus pies.
¡Que agregue un poco de felicidad a tu cuento me exiges! Bástate hasta
el día en que mi sonrisa aún puedas mirar, y si un día dejas de verme sonreír, sabrás
que llevas a cuestas mis alas prestadas, elevaste tu vuelo y simplemente, me he quedado atrás.
Comentarios
Publicar un comentario