¡Cómo no he de quererte!

Son las tres de la mañana, la noche ha dejado de esperar, por un poco entonces, por casi un silencio de distancia, un camino indefinido de sombras acompañan el compás de una noche seductora.
La llovizna de mediodía es el tema principal, entre tu voz temblorosa y tus cálidas manos que llevas hacia la apenas visible superficie de mi piel.

Hay una historia, comienzas a decir, si te quedas quieta te la podría contar. Me abrazas entonces, me envuelves en el tiempo, me atrapas tocando el límite de la memoria; ese laberinto jamás terminado de nuestros caminos cruzados.
La trágica, la invisible e inevitable historia que ha volteado su rostro para ir por otros caminos, que nos abandono a mitad del trayecto, siempre dañina y solitaria, la que marco tu camino para jamás caminar conmigo.

En el vaivén del frió que nos acompaño en aquella alcoba, encendías mis años y mis pocas ganas, tocaste ese profundo hueco que ha dejado tu ausencia, y en mi cabeza solo un decir se formaba: ¡cómo no he de quererte!

Definitivamente me embriague de tu ausencia hasta casi tocar la locura con mis yemas, hasta casi olvidar tu rostro en las fotografías de mi armario, probé la demencia, conocí otra piel y otras voces fueron susurradas en mi oído; también reí ingenuamente, llegue a respirar sin nudos en las entrañas por tus recuerdos. Nunca nadie dijo que amnesia es lo que regala el tiempo, yo simplemente aprendí a sonreír fuera de tus ojos de niño y tus entrañables cosquillas; uno aprende a dejar de respirar el otro aire ufano y endeble  y a atreverse a mirar sus ojos, sin miedo, del otro lado de un espejo.

Sin ti, sin tus joviales años de inocencia, debo aceptar que morí, renuncie a la vida, nuestra vida, el sueño de compartir la misma almohada y sentir tus manos muy cerca de mi espalda. Pasaron años, ¿Cuántas veces has tenido que reescribir la historia de tu vida? Guarde por tanto tiempo tus regalos, el beso que te robe aquel día, un te amo ahogado con eco en el espacio: te amo, te amo, hasta casi apagarse mi corazón y enmudecer mis labios.

Te viví a noches de incontrolable llanto y letras confusas, te dibujaba hermosa, sonriente, en el cuento de otros labios. ¡Jamás seriamos de nosotros! Y me provocaba un asco que dolía en mi cama solitaria y en ese marco sin foto del rincón de mi alcoba.
Deje de llorar, hasta deje de sentir pena o tristeza, busque a mis tan olvidados amigos y continúe con la vida, la mía.

Te mire entonces hace unos días, te odie de cierta manera cuando respondiste mi saludo y entonces descubrí que en el corazón jamás pasa el tiempo. ¿Cómo decirte que no? Nunca conocí unas caricias que me llegaran a la sangre como el roce de tus pestañas, que tuvieran la mística función de devolverme una felicidad que solo tú y yo podríamos soñar.
En este instante eres de mí, para mí, conmigo… Si supieras como he añorado tu presencia en mis mejores años, déjame arroparte con mis lánguidos brazos en los que tanto has llorado, te he extrañado cada segundo de mi infeliz vida después de dejarte ir, y te digo: ¿Cómo no he de quererte?

Esta ha sido la vida para nosotros, porque ha sido tan caprichoso el tiempo y engañoso el amor  y sin embargo te toco en la oscuridad y conozco los caminos que en tu cuerpo he de poseer; cada truco seductor de tus lunares y esa cavidad en tus mejillas para posar mis labios. Esta noche déjame tu risa,  y la melodía rítmica que emana tu pecho: orgasmo, sed, miedo, alegría.

Quiero contar tus cabellos caídos en la almohada, al amanecer oírte respirar, exhalar tus suspiros en mi piel;  tengo ganas de ti, de tu historia y de tus errores, de tus pequeños miedos a la vida, y compartir esa idea descabellada de escapar del mundo;  darle el lujo a mis palabras de decir tu nombre cada anochecer, de contarte hoy en mis días, en mi historia. Quiero mirar tu cabello hasta no ser capaz de contar tus canas, si lo he de desear no lo callare, finalmente no busco un nombre, ni un rostro, sino la mitad de mi alma que se fue por un tiempo, el pedazo de destino que creía extinto, un sueño que se hacía casi imposible; el renunciado, callado y resignado.


Miro tus ojos con total compresión de lo vivido y solo pienso: ¡cómo no he de quererte!

Comentarios

Entradas más populares de este blog

Reflexionemos...!

La partida de un tren.

El encuentro con un desconocido.