701

"Es que se nos acabó el amor", escuché por el auricular de mi móvil y aspiraba del cigarrillo una dosis mortífera y soporífera más de nicotina y alquitrán.

Tenía las palabras correctas para increparte sobre la veracidad del amor, y lo hice; sabes que no me gusta ser cálido y tomarte de la mano mientras mueres, no me gusta la hipocresía cuando de respuestas se trata. Y haciendo uso de toda mi entereza (para no salir perjudicado, aunque tu novio era la cuestión) procedí a explicarte que era el amor.

Las palabras sobraban conforme pasaban los minutos y sacaba otro cigarro más de la cajetilla, con mis manos un poco temblorosas jalaba del gatillo para hacer arder el inicio del fin. Por eso el nerviosismo, pues sabía que acababa de dar punto de ignición a tu marcha en retroceso, a tu perfecta huida. Sin embargo, ahora hablábamos sobre nosotros y lo que tu libertad nos ofrecería. 

Ésta parte es un tanto absurda y con total certeza predecible.

Se agotó el éxtasis verbal y decidí que era tarde para seguir con mis labores cotidianas, aunque alguien al final tiene que hacerlas y en mi condición no puedo darme el lujo de desperdiciar ningún segundo. Nuevamente me has robado tiempo, aunque he ganado tu visita desde la lejanía y por qué no... algo más.

Han pasado unos cuatro o cinco días. Realmente he perdido la noción del tiempo, el ayer se me hace más difuso que de costumbre; añoro incesantemente la presencia de personas ajenas a mi realidad. Aunque la mayoría del tiempo estoy rodeado por personas, no es posible mantener un nexo completo de confidencialidad ética y responsable; auguro noches de completa soledad y eso me mantiene tranquilo, sereno y accesible a lo que disponga dios.

En el quinto día cambia por completo la mujer. No es la misma voz, ni la estética de su cuerpo. Mucho menos el candor y la jovialidad de sus acciones. Segunda ocasión que ella se cruzaba por mi vida y lo hacía de una manera tan natural, que el suelo se culpaba por ensuciar las plantas de sus pies; ya no sentía la culpabilidad desde tiempo atrás y esta noche no sería la excepción. Procuraba caminar hacía ella cual gato montés a la caza de su presa.

"Te llame para vernos, se me ocurren tantas cosas. Empezar por juntarnos para no hacer. Te propuse mi casa, nada neutro. Te dejé traer tus pijamas, que yo... no duermo bien de noche".

No hay reglas para la saciedad de los estertores del alma, uno simplemente pretende "amar" de formas propias para conveniencia donde la libertad se llega a confundir con el libertinaje y por consiguiente con la depravación.

Una película que se vio interrumpida en sus inicios por el roce de nuestros labios.
Los músculos tensándose y exigiendo autonomía espacial.
Mi nueva fuerza arrastrándote a mi lecho.
Una ventana que se quedó abierta y por donde se fugaron nuestras risas embriagadas de pasión.
La noche que nos atrapó mientras hacíamos el amor.
El hambre de correr a la calle a disfrutar de la brisa y algo más.

Estos son los posibles subtítulos en los que puedo fragmentar el capítulo de ayer. 

En la noche número 701.

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