Mujer transgresora.
Si alguna vez te detuvieras por un instante a pensar en el origen de lo
que eres, en el origen de todos y cada uno de tus derechos si te has
considerado una mujer digna y merecedora de los privilegios que en algún tiempo
solo le pertenecieron al sexo masculino llegarías a una escena como esta:
El camino a su libertad estaba comenzando y pagaría un alto precio por ella. Llego el día de la repartición de los derechos y la mujer fue puesta en la base de la escala social, sin tantos recursos que explotar para lograr expandir sus ideales, sus deseos, todos y cada uno de sus pensamientos y opiniones que creía aportarían y servirían de algo simplemente eran desechados.
Existe una mujer, si una mujer, porque es este personaje tan importante
en una sociedad el que ha tenido que morir, que luchar, que ser juzgada por
atreverse a ser escuchada y tomada en cuenta. Cuenta la historia, que existió
una época donde la mujer era sometida a una vida de la que eran dueñas pero no
tenían los papeles, destinadas a la sumisión sin voz ni voto ante tiranos,
fuertes y poderosos.
Aburrida todos los días, esperaba al mismo hombre llena de un olor a condimento producto de un arduo día en la cocina, con mejillas sonrojadas por el calor encerrado en cuatro paredes, cuando de repente su pulso se empieza a elevar. Por su mente ociosa pasó aquel leñador de músculos prominentes y cuerpo velludo; un ser virginal y viril típico de un hombre en la cumbre de la madurez y entonces debajo de tantas ropas y tapujos floreció un pezón. La mujer jamás había sentido tantas ganas de que su cuerpo fuera recorrido por unas manos hasta ese momento y comenzó a descubrirse. Y aquí comenzó todo, la mujer se despojo del atavió de decencia y de todo lo que cubría algo hasta ese momento desconocido para ella: el poder de su sexualidad.
Aburrida todos los días, esperaba al mismo hombre llena de un olor a condimento producto de un arduo día en la cocina, con mejillas sonrojadas por el calor encerrado en cuatro paredes, cuando de repente su pulso se empieza a elevar. Por su mente ociosa pasó aquel leñador de músculos prominentes y cuerpo velludo; un ser virginal y viril típico de un hombre en la cumbre de la madurez y entonces debajo de tantas ropas y tapujos floreció un pezón. La mujer jamás había sentido tantas ganas de que su cuerpo fuera recorrido por unas manos hasta ese momento y comenzó a descubrirse. Y aquí comenzó todo, la mujer se despojo del atavió de decencia y de todo lo que cubría algo hasta ese momento desconocido para ella: el poder de su sexualidad.
El camino a su libertad estaba comenzando y pagaría un alto precio por ella. Llego el día de la repartición de los derechos y la mujer fue puesta en la base de la escala social, sin tantos recursos que explotar para lograr expandir sus ideales, sus deseos, todos y cada uno de sus pensamientos y opiniones que creía aportarían y servirían de algo simplemente eran desechados.
Pero no era posible concebir tal situación y resignarse a vivir de aquel
modo, así que la mujer después de dominarse en el arte de su arma más poderosa
en ese momento: su cuerpo; desató su propia lucha inconsciente. ¿Como saber la
estrategia en el campo de batalla del oponente? En la cama lo descubriría. ¿Cómo
tener el acceso a lugares restringidos? Con placer lo conseguiría. ¿Como una
mujer movería un batallón entero? Con unas cuantas caricias
convencería a cualquier macho al que en casa lo esperaría una mujer sumisa y
recatada, llena de tabúes hasta el cuello.
Pero esta nueva mujer “libre” no tenía escrúpulos, podía llegar a los deseos más oscuros, las mentes más pervertidas y además cobrar por ello como toda una meretriz.
Y como toda tendencia que amenaza con contagiar, poco a poco se empezaron sumar muchas mujeres a este movimiento convirtiéndose en un virus letal que amenazaba con destruir el sistema, hasta ese momento en dominio de hombres.
No podemos culpar a la mujer por encontrar un arma que solo ella puede utilizar para hacerse “valer” de algún modo. ¿Pero quien podría culparlas?
Al final hemos visto el resultado de años luchando la mujer por obtener la libertad de expresión, la decisión de qué hacer con sus vidas, de sufrir golpes de guerra y ganar lo mismo por una jornada laboral.
La puta o mejor dicho la meretriz, es por lo tanto una de las figuras más contradictorias de la sociedad pero ¿no es así la vida? A como van las cosas no dentro de mucho tiempo la base de la escala social será la meretriz del capitalismo. Y es que la necesidad de hacer valer tu voz y tu persona ya no respeta edad ni genero.
Si me preguntan el origen de la libertad femenina. El origen de esa liberación comenzó con una puta.
Pero esta nueva mujer “libre” no tenía escrúpulos, podía llegar a los deseos más oscuros, las mentes más pervertidas y además cobrar por ello como toda una meretriz.
Y como toda tendencia que amenaza con contagiar, poco a poco se empezaron sumar muchas mujeres a este movimiento convirtiéndose en un virus letal que amenazaba con destruir el sistema, hasta ese momento en dominio de hombres.
No podemos culpar a la mujer por encontrar un arma que solo ella puede utilizar para hacerse “valer” de algún modo. ¿Pero quien podría culparlas?
Al final hemos visto el resultado de años luchando la mujer por obtener la libertad de expresión, la decisión de qué hacer con sus vidas, de sufrir golpes de guerra y ganar lo mismo por una jornada laboral.
La puta o mejor dicho la meretriz, es por lo tanto una de las figuras más contradictorias de la sociedad pero ¿no es así la vida? A como van las cosas no dentro de mucho tiempo la base de la escala social será la meretriz del capitalismo. Y es que la necesidad de hacer valer tu voz y tu persona ya no respeta edad ni genero.
Si me preguntan el origen de la libertad femenina. El origen de esa liberación comenzó con una puta.
Comentarios
Publicar un comentario