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El ruido en mi silencio

Una puerta que abre las posibilidades,  una casualidad con causalidad;   mis pensamientos que te envuelven y te desenvuelven cómo hambrienta en las horas que quiero encontrarte pero ya no estás,  y de nuevo el silencio,  la calma pasajera que me devuelve a la rutina,  las charlas con café y  de repente en los sorbos de tranquilidad de nuevo tu,  tus caricias con sensaciones de dolor en mi cuerpo.  Me acomodo en la silla, fricciono mis piernas,  sin decir nada, te has esfumado.  Te has vuelto fugaz y te escapas entre mis dedos que te recitan en letras;  En medio de muchas palabras resuena tu nombre para mis secretos,  llega un susurro que solo yo percibo: "te deseo, te deseo..."  Mi piel se eriza, se sonroja mi rostro y en medio de tanta gente me humedezco,   y quisiera correr hacia donde estas, pero te has ido.  Así sin más ni adioses,  sin un beso propio de los cómpli...

Mirada

Miro tus ojos mujer y encuentro en la profundidad un puño de tierra, de raíz. La valentía emerge cuando sostienes la mirada  a los miles de ojos que te retan a vestirte de pudor y sumisión; en tu mirada mujer me encuentro mirándome desde el volcán de mi alma  que hace erupción y ruido  y se esparce a través de mi cuerpo encendido. Te miro y me miran tus ojos estando desnuda y transparente  y bien me reconozco en el reflejo  que soy esta mujer, esta que te mira desde muy adentro,  sabiéndose digna y valorada,  porque ningún otro argumento me dará más valor que escuchar decir de tus labios: me amo y me merezco. Me siento en esta tierra y dejo huellas,  me reafirmo cuando descubro quién fui y quién soy  actuando en un solo ser, en una sola esencia que permanece, que no se olvida.  No aprendo a aferrarme a la vanidad, pues,  encuentro más virtud en mis años y en las marcas de una verdadera existencia,  ...

Permanencia

Mañana que no volvamos jamas a ese lugar secreto a encontrarnos; Porque un día debe terminar como acaban todas las cosas,  marchitas en el tiempo y solo las reales, perennes en la memoria. Llega el viento de verano y arrastra consigo el polvo de lo que fueron las flores marchitas,  en el silencio tenebroso del olvido  en el sigilo del paso del tiempo. Tiempo, tiempo, neblina de la existencia, vórtice feroz de la vida,  amante causal de la puta vida. Si mañana dejara de existir que me sepulten mis recuerdos, déjenme grabado en la piel el nombre ese que jamás podra ser nombrado.  Al que pedí un día que no me dejara y sin embargo yo palpaba en aquellos rincones una efímera permanencia, un momento inmortal reencarnado en memoria,  un momento endeble, arrastrado inevitablemente por el paso del tiempo. ¿Cuántas veces se vale repetir hasta que un día, simplemente un día, desaparezcas y dejes de ser ...

Punto de partida

No imaginaba cuanto me gustaría,  no un gustar que dependiera de tocarte,  pues jamás  te había tocado o visto. ¿Y cómo empezó todo? me pregunto, y sólo recuerdo un episodio sin praxis;  no hubo método, ni siquiera casualidad,  yo te mire y vibrabas. Tocaste mis cabellos y percibí... ¿y  la percepción acaso es ver?  No, no te vi ¿es sentimiento? No te sentí, me sentí, esa es la explicación, me sentí encendida por dentro,  me sentí despertar de un letargo erótico, y me pensé entonces dentro de ti  o tu dentro de mi,  y mis entrañas hicieron implosión y vino a mi mente un fenómeno que aprendí un día, llamado física, y algo que tiene que ver con fuerzas  que se atraen entre dos cuerpos,  y pensé en los números entonces,  cuánto sumaban mis años y los tuyos.  Mientras te escuchaba atentamente  te acercaste un poco a mi cuello  y exhalaste aire, se erizó mi piel  e hice un cálculo ...

El vaivén

El  modo en que la brisa me mueve los recuerdos, recostada en la arena mirando esa línea que desune el mar con las estrellas;  ese vaivén que arremolina mis cabellos con la tierra.  Suspiro por aquel tiempo perdido,  es el vaivén quien te encuentra en mis cinco sentidos. Toco esa noche oscura con las yemas,  cierro los ojos y aparece ese vaivén  que me mece sobre tu cuerpo desnudo. Los dos nos perdimos en el reflejo de aquel espejo,  éramos extraños y extranjeros en ese encuentro,  como que nos trajo la marea,  caminábamos en sentidos opuestos  hasta que chocaron nuestros besos,  inevitable fue no encontrarnos,  Inevitable era no mirarnos.  Besabas mis hombros, me quitaba la ropa, y tu carne tibia se encendía con la mia, de un lado a otro me tendías,  por la espalda, por las piernas, Y esa risa que me decía que terminabas,  aún me retuerce las entrañas.  No había ternura,  era un...

El beso

-Solo te puedo imaginar de una forma en el futuro. -¿Cómo? Entonces volteé, observé su cabello ser acariciado por el viento al mismo tiempo que el sol posaba su luminosidad escurridiza filtrada entre las ramas de los árboles que nos rodeaban. Antes de escuchar su respuesta, decidí encender un cigarrillo. -Sabes perfectamente que me molesta que fumes, te estás haciendo un mal. Decidí no responder a su postura de samaritana y mientras aspiraba y exhalaba el humo en otra dirección, simplemente tenía la intención de tener una prueba fehaciente de su percepción. ¿Tan importante me era su opinión? -Te veo escribiendo, trabajando para un diario importante. Incluso te visualizo vestido con un traje impecable de color azul marino y un portafolio en una de tus manos. Sus hoyuelos me tenían absorto; basta decir que me hundía en ellos y deseaba poder deslizarme entre la curva de su sonrisa. Nuestra juventud se quedaba guardada bajo llave cuando ambos coincidíamos en el espacio y el t...

Así te vi, así se siente.

Tendida sobre mi cama, así te vi aquel día. Tan sencilla y tan humana, te mire de pies a cabeza era una oda a mis ojos y todos mis deseos carnales, repasé cada contorno con mis manos, con mi lengua, con todos mis dientes, aparté tus manos de aquellas cicatrices que tanto querias ocultar, tus estrías, las arrugas en tu piel  y yo solo sentía la dicha de poder poseerte;

Eterno petricor

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Decidí venir esta noche a visitarte porque van dos días que llueve en la ciudad y por las noches me es imposible dormir. Ciertamente es un atrevimiento de mi parte llegar de la nada, pero creo conocerte y algo me susurra al oído que a ti te sucede igual. -       Estás empapado, deja subo por una toalla para que te seques. Acomódate en la sala si gustas; hace tanto te esperaba y como vi que no llegabas, me prometí no emocionarme si algún día lo hacías. Disculpa mi frialdad. ¿Cuál frialdad?, pensé. Desde que puse un pie en tu hogar he sentido como en mi piel, mis poros se alimentan del calor que emana de ti, de tu respiración y de esa sonrisa adornada con hoyuelos, de ese cabello castaño que has recortado más allá de los hombros. Y de esos ojos, de esa mirada con la que no puedes engañarme. -        ¿Hace cuánto que no te veía? ¿Una semana, cinco meses, ocho años o tal vez desde hace seis vidas? -     ...