De nácar y plata
Amada mía, no esperaba hoy tu visita. Mi reloj se debió detener tiempo atrás y he sido tan descuidado que me merezco esa mirada tuya. Hoy me he levantado como todos los días pensando en la posibilidad de ignorarte y de que a esto, no me castigues con tu misma letanía.
Me agarras por sorpresa, te veo un poco más joven y traes un nuevo atuendo. Ha de ser por la temporada del año o por el lugar donde hemos convergido; déjame decirte que te sienta bien el nuevo corte de cabello, hace que tus mejillas se vean menos rollizas. Lo siento, sé que he sido demasiado sincero y que en ocasiones esto te saca de tus casillas cuando de hablar sobre ti se trata. No es culpa mía el hecho de haber nacido en esta tierra.
¡Bendita sea la hora en la que nací sobre este suelo! Acaso no te da dicha saber que puedo enamorarte con mis canciones y mis frases del pregonero, aquellas que enervan tu andar cadencioso y silente entre las callejuelas de cada ciudad. Pues mira que has recorrido un largo tramo para encontrarme aquí. Te ves un poco cansada, tómate un tequila conmigo y tal vez en el último trago te deje hacer conmigo lo que tu gustes, pero ahora sólo escúchame.
¿Sabes una cosa? He soñado contigo todas las noches; he visto tus dientes nacarados y tus finos cabello de plata bailar al compás del viento. Tus frágiles pero enérgicas manos me han rozado palmo a palmo; sobre mi cuerpo aparentemente inmóvil dejaste infinidad de veces tu esencia y aroma, aquél que se compara con los amaneceres de los altos bosques de la puerta a la Huasteca Hidalguense, de los cenotes yucatecos y de las blancas playas del Caribe. Hermosa sinfonía tus susurros en mi oído cuando me decías que tu y yo éramos el uno para el otro. Nunca lo dude. Sólo temí el no estar preparado, el no tener las palabras correctas para darte las gracias a todo esto.
Pues bien, creo que hasta hoy puedes estar complacida de verme bien. He trabajado arduamente desde el amanecer hasta el ocaso; he formado una familia a la cual he amado y venerado. Cuando llegabas a la puerta de otros preguntado por mí, sentía esa rabia propia del engaño, la mentira y la infidelidad. Te has ido con ellos y los has perdido en tus caderas, en tus besos y caricias. Desdichados todos por jugar contigo, pues no eres una puta cualquiera; eres una dama en toda la extensión de la palabra.
Se ha terminado la botella y los mariachis ahora se van marchando. Creo que es momento de que partamos tomados de la mano a recorrer bajo la última luna de octubre la silenciosa ciudad que nos alberga. Sin duda alguna siempre deseé que esto sucediera así.
Sobre las piedras solo se escucha el resonar de mis pasos, los tuyos con trabajo y rompen la cortina de viento. A lo largo del callejón veo a las personas cerrar sus ventanas, han sentido tu aroma mi amor y no entiendo porqué ese temor. Son demasiados jóvenes para entender que nuestro romance no hace daño a nadie más. Tu sonrisa y tu mirada se fijan en el horizonte; creo ciegamente en el rumbo por el que me estás guiando y auguro dicha y felicidad desbordada cuando el sol nos bañe de nuevo con un nuevo día.
Al pensar las últimas palabras te giras hacía mí y me tomas por la cintura. Siento tu respiración y tus labios se aproximan más. Mi mente se turba y recaigo en tus brazos con ese beso. Méceme tiernamente y cántame una canción de cuna para así dejarme retozar en tu ínfimo regazo.
Donde quedo Neruda !!! Pablo estas por ahí ???
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