La bipolaridad del panda 5.0

-Sus signos vitales son mínimos. Esperemos unas cuantas horas más. ¿Ha conseguido localizar a algún familiar?-

-No doctor, sólo pude comunicarme con uno de sus amigos. Pronto llegará.-

El olor a asepsia asfixiaba a la perdida y alejada mente de Panda. Muchos opinarán que las frases anteriores tienen una conexión lógica, sin embargo cuando el ser se encuentra en el trance entre lo terrenal y lo desconocido tiene esa vaga sensación de viajar hacia ese espacio al que muchos llaman limbo.

-Fue una suerte, el único sobreviviente. Por eso debemos de sacarlo de la línea de muerte. ¿Sabe el prestigio que nos dará salvar esta vida? Aunque viéndolo por otro lado, mire que si como ciudadanos nos ponemos exigentes, todo esto es resultado de una cuestión que se manejo desde un escritorio burócrata. Por cierto ¿qué tal me veía anoche en las noticias dando el parte médico?



Para bajar del vagón no fue necesario emplear la fuerza animal, su corpulencia le beneficiaba a la hora de abrirse paso entre las multitudes; las escaleras fueron su viacrucis y el arrepentimiento de los tacos placeros matutinos llegó con cada inhalación y exhalación que iba en aumento escalón por escalón. Observó los diversos señalamientos y espero que en esta ocasión no fuera víctima de la banda de “Los Felinos” o del perderse como era propio de aquella estación.

Salto del Tigre pudiera considerarse como una de las estaciones más concurridas y confusas de la Red Asociada de Transporte Animal (RATA por sus siglas), aunque algunos usuarios jocosos con el lenguaje lo bautizaron con el nombre de “El Metro”; o para la prole simplemente “metro”. Dejando a un lado la vital información anterior, Salto del Tigre era de forma irónica la misma boca del lobo. Uno podía toparse entre los pasillos y andenes con una infinidad de personajes sacados de cuentos y relatos policiacos, de esos que se manejan como pan caliente en la prensa amarillista. 

Prostitutas ofertándose desde que daba el primer rayo de sol, vendedores de discos compactos con formato MP3 y películas DVD clonadas, carteristas profesionales y principiantes, asaltantes a mano armada con su respectiva arma blanca o de fuego pululaban y se mezclaban entre miles y miles de pasajeros que día con día desfilaban de vagón en vagón. Sin embargo en últimas noticias, los gobiernos de la nación como de la provincia anunciaban con alto grado de satisfacción que el desempleo y la inseguridad habían disminuido.

Cuando Panda alcanzó la cima, se apeó al barandal y se tomó unos instantes para recuperar sus fuerzas. Observaba detenidamente a su alrededor, en la escala de la cadena alimenticia se encontraba en una desventaja abismal. –“Tengo que regresar al gimnasio”- se prometió para sí y tras esto alcanzó a vislumbrar actos sospechosos por un par de jovenzuelos que se acercaban de forma “cautelosa y desinteresada” hacia él. Se incorporó y apretó el paso para intentar perderse entre la multitud que acababa de descender al andén por donde él lo había hecho instantes antes.

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