Salve en gloria.

Me encuentro desorientado a causa de los narcóticos verbales consumidos a lo largo de la travesía. Toparme con la triste realidad de ver derrotados millones de discursos en las sangrientas campiñas de la eternidad me genera añoranza al recuerdo lacrado en caoba y encino.

Los más viejos proceden de la piedra inerte y la fuerza del hombre, esos que han perdurado miles de años en gélida materia, testigos de las inclemencias del tiempo y las adversidades propias de su condición. Sólo la misma fuerza de la cual provienen, ha sido la culpable de su perdición: de su muda desintegración.

Aquellos que andan con un deambular agonizantes son los de mediana edad. Su elaboración es artesanal por el lado que se le quiera admirar. Su constitución es la celulosa en una infinidad de presentaciones; no importa la latitud, pues el proceso de elaboración implica la mística hazaña de la inexplicable alquimia. En ellos se rasgaron de forma sutil oleadas de historias, tratados, versos y odas. La mano del hombre tuvo que aprender a trabajarlo de forma sincera; el engaño sólo provocaba la ruptura de lo celestial y lo infrahumano.


Muy pocos consiguieron labrar en aquel lienzo palabras que aún hasta nuestros días siguen embelesando nuestros cinco sentidos y el más allá. Su visión nos ha permeado en nuestra conducta y en el vivir el día con día; pocos han sido los dignos de poder emigrar a las planicies de lo sensato y lo directo del ser.

En la vereda vislumbro a esos “seres”; unos olvidados en fríos y grisáceos espacios donde se conservan a la vista de los demás andantes. Todo esto en un silencio sepulcral y condicionado por el hecho de que no hay compresión. Los más afortunados llegan a las manos de consumidores ávidos de fantasía y realidad.

¿Y qué si ambos conceptos significan lo mismo y por nuestra torpeza sintáctica los hemos destinado a ser enemigo el uno del otro?

Hoy una infinidad de valientes salen a flote a navegar por la red, mas no por la mar. La ironía de la frase anterior va acompañada con los vendavales de lo perene y efímero que es propia del espacio internauta. Hasta el momento no hay un solo guerrero que haya sobrevivido y sea digno de grabar su nombre en letras doradas a lado de las leyendas de antaño.

Muchos podrán decir que es culpa de la cercanía global a la cual nos hemos sometido, otros simplemente que es parte de la evolución; sin embargo mi sentir es que el hombre y la mujer han dejado de soñar. La abstinencia al imaginar asesina silenciosamente a la fantasía y la realidad; se ama lo material y lo tangible. El éter aristotélico, víctima de la aprehensión se pierde en el limbo y la vida se convierte en una tragedia. 

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