Adicción sin culpas.
El día se pierde entre sorbos de un café y quisiera decirte que sigas siempre los latidos de tu corazón; pero sería en verdad un mal consejo. Estando juntos disfrutamos de sentimientos distorsionados tan difíciles de comprender.
Me abrí paso en tu vida y sorbo a sorbo fui acabando con la poca moral que poseías, con tus principios. Soy quien te hace dudar de una promesa, soy la cara del amor que no conoces, creadora de sueños prohibidos, me convierto en noches silenciosas en tu cama, en una idea en tu memoria, en tu fantasía y esperas encontrarme en tus brazos en un futuro incierto. Tratas de prender el fuego y por más que quieres ahuyentarme no puedes, mueres por mi boca, mis besos, mi piel, deseas inventarme con tus manos, extraviarte en mi espalda; pero mi cuello sigue siendo tu estación preferida, una grave adicción a la que vuelves sin culpas.
Aprendes a esperar, te muerdes los labios, aún respiras; mis besos son la promesa de que mi cuerpo será tu destino. Y te preguntas: ¿qué es lo nuestro? No puedes explicarte por qué me buscas, por qué cada que te encuentras lejos vuelves, por qué te quedas cuando deberías irte.
¿Qué es lo nuestro?
Lo nuestro es una especie de complicidad, un secreto compartido. Esto no es una aventura, pero tampoco un noviazgo. Sin embargo, es algo más que una simple amistad.
Quisieras entender lo que pasa y amaneces con sed de besos y caricias, quieres llamarme y que amanezca sobre tu pecho, amándome sin remedio. Te preguntas una y mil veces por qué te gusto, por qué llegue a tu vida cuando menos me esperabas… por qué he sacudido tu vida y he puesto a temblar tu suelo.
Y no quieres llamar amor a esa maraña de sentimientos por que amar es fácil, lo difícil es salir entero de una historia de amor.
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