Lunes.

A veces me siento morir entre las lágrimas y un poco la risa que me causa la ironía de tu ausencia.

Me siento desmayar aun en sueños cuando pretendo perseguirte y alcanzarte para que solo te esfumes cuando abro los ojos. La realidad me quiebra los huesos me aprieta los ojos y hay noches que simplemente lo único que puedo hacer es llorar.

Enloquezco entre las rejas de mis palabras sin ningún alcance a donde estas, quiero dibujarte en el aire, en el agua, aun mirando mi plato de comida, pero no soy dibujante yo solo sé escribir, y grito de impotencia porque mis palabras no se hacen escuchar en ti.

Mi voluntad se quiebra cada mañana al pensar en ti. Me exijo cada día a no mencionarte en mis recuerdos, superarte y todas las cosas que uno hace cuando lo único que se ha dejado en el alma es vacio y soledad.

¿Pero que es el alma y el corazón y todas esas locuras de las que se habla?

Lo entendí cuando te vi de repente aquella mañana. ¡Dios mío! Yo solo rogaba por no deshacerme en ese momento, me pellizque creyendo que era un sueño y una mala pasada, como ya era costumbre de mi mente hacerme una película de ti todas las noches. Luego caminaste hacia mí y embelesada al estrecharme la mano para saludarme mis brazos corrieron a tu cuello, mis mejillas a tu hombro y deseé olerte, di un respiro tan profundo y silencioso, me deje inundar de tu olor por cada poro que necesitaba revivir. Volvió a latir mi corazón y sin saber que aun seguía ahí te extendí una bella sonrisa.

No existe otra explicación racional a ese momento, ¿te he contado del efecto que tiene tu barba en mí? Bueno esa es realmente otra grandiosa historia, un cuento único.

Debo confesar que cuando más viva me empezaba a sentir, me diste una puñalada, me dijiste que algún día nos tendríamos que dejar de ver, desde ese momento tienes que saber que vivo desahuciada, que mueren las pocas fuerzas recuperadas y toda esperanza que hubo en mí.

Los días siguen pasando y mi ingenua mente enamorada se desvive aun por ser la primera en tu día después de luchar con el mar de lagrimas, finjo  que inclusive sin ti puedo vivir, que no me afecta nada, y como aquel lunes por la mañana puedo ser feliz. Porque mañana… mañana quizás sea una despedida.

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