Ya no duele.


Ya sé que empezaste a compartir tu vida, tal vez encontraste al verdadero amor, el alcohol aquella madrugada  habló entre palabras cortadas y mal pronunciadas que aún me amabas, hablamos de aquellos rencores no perdonados, de las acciones que ni tu ni yo quedamos a mano, los reclamos, los caprichos y los días que no quitabas el dedo del renglón, la confianza que alguna vez perdiste y  jamás recuperaste por todo el meollo de los actos no proclamados. 

Han pasado varios años, pero tu recuerdo ya no duele; me trajo enseñanza, me trajo libertad y aprender a saber qué es lo que busco de mi alma gemela, obviamente que tenga ciertas particularidades semejantes a las que alguna vez contemplé y viví de ti, quiero que actúe al mínimo detalle alentándolo de manera exponencial, que sea mi confidente, que me brinde consejos como tu lo hacías, aun en el peor de mis días sellarlos con un beso y la sonrisa en mi rostro, terminamos un ciclo (hace mucho que lo hicimos) y me atrevo a decir en estas línas que fuiste  mi primer amor, ése que jamás se olvida, con el que haces las primeras locuras de enamorados, que derramas lágrimas de felicidad o sufrimiento, con el que entiendes el significado inimaginable de un "te amo", la entrega total de sentimientos puros, ser felices tan solo con una mirada o simplemente la presencia, ese que jamás se olvida al recordarte ya no duele, solo sonrío... y digo que bueno que te cruzaste en mi camino. 


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