Cuatro son...

Dame tu mano para que al caer el sol vea la luz; la nada baña tu faz con un tono gris y seco. Se mi otro día más y come el alma de lo vivo, pues el fin casi está aquí.

Gira en uno, dos y tres... pues mi voz se hace eco por la mar azul, la luna y el caos. 

Tira la vela que guía mi vía de pena y dolo, pues en ella nace una flor con olor a luto por ese beso que no fue real; mala la hora en la que pude ir a lo más bajo de tu ser.

Creo en que Eros sí es el que dio paso a tu rara idea, pues oigo tu risa cada vez que leo con un modo frío y soso tu rima que se va con el aire al más allá.

Te doy un ramo con mil alas de aves y una rosa en lo ralo de tu pelo, ese que se hace mi cama en cada alba que nos da Dios.

Besa mi boca y moja cada poro de mi piel, sana mi ira con tu voz fiel y dime al oído en un solo tono: Te amo.

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