La vertiginosa caída del rey 5.0

Si intentáramos hacer una lista de aquellos personajes que han marcado nuestras vidas a tal grado de crear una catarsis que ilumine y cambie el sentido de nuestra existencia, sin lugar a dudas se volvería en una misión imposible.

Cada persona es un mundo y los intereses varían dependiendo las "heridas de guerra" que la vida misma nos ha regalado. ¿Cómo crees que podrás presumir el haber vivido si no tienes el más mínimo rasguño en tu piel? El temor nos hace presa de no ir más allá de lo permitido.

He aquí la respuesta a la incógnita: ¿qué debo hacer para ser un rey? Es muy simple, pues como diría aquel filósofo molanguense que conocí en mis años mozos de  universidad: "Rompe esquemas"


Hemos crecido atados a infinidad de normas morales y de convivencia social, sin olvidar claro las religiosas. Cabe hacer hincapié en la importancia del respeto a terceros, y esto es clave para la sana convivencia según diversos preceptos recabados por los siglos de los siglos... amén.

Pues bien, el temor es el principal obstáculo que nos impide alcanzar la cima del éxito; sin embargo lo primordial es dejar en claro que temer así como así no es válido, debe existir una causa justificada e identificada de cual es nuestro miedo. Si uno no logra visualizarlo a la perfección, simplemente pasará a formar uno más en la lista interminable de la "gente normal".

Cuando deambulas por la calle y traes tus audífonos con la música que te gusta (en lo personal me gusta llamarlo "Soundtrack de vida") te sientes observado por todas las personas que circulan a tu alrededor, eres el foco de atención de las miradas del sexo de tu preferencia, te sientes completamente irresistible, intrigante y candente. La verdad es que sólo un bajísimo porcentaje ha volteado a verte, pues el resto va enmarañando aún más su mundo de preocupaciones y compromisos.

No te achicopales mi estimado lector, esta es la triste realidad de las vida. Aparentamos ser tan normales sin darnos cuenta que todos tenemos un grado de ser especial, y la culpa en parte es de la sociedad misma. Las etiquetas o clasificaciones se encuentran a la orden del día en absolutamente todos los lugares. Si bien es cierto que desempañamos diversos roles dentro de la esfera social y que en algunos destacamos mejor que en otros, es de forma inherente que nos ganaremos una estrellita dorada en la tatema o una espantosa equis como con Chabelo.

Los reyes tienen etiquetas, tanto bueno como malas; sin embargo estas no los han detenido, han seguido hacia adelante (o hacia abajo) dejando atrás sólo recuerdos, memorias que algún aventurado se dedica a recolectar para lograr que perduren en el corazón y la mente de los hijos de sus hijos. 

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