La bipolaridad del panda 3.0
"Lo
sentimos, el número Telcel que usted marcó no está disponible o se encuentra
fuera del área de servicio, favor de llamar más tarde"...
-¡Me lleva la fregada! Siempre que hay una urgencia, deben de
fallar estos aparatitos del demonio. Salen caros, la renta mensual del plan ni
se diga, y todavía se echan a perder... ¡Bendita tecnología! Hasta dónde nos
llevará.
Estas fueron las palabras que pronunció Cerdo al marcar a su
primer contacto al azar desde su teléfono celular. Obviamente las intenciones
nunca se saben si son buenas o malas, el chiste es “comunicar” de forma
inmediata los pormenores de la noticia que tenía entre pezuña y pezuña que
hacía arder esa necesidad de regarlo por todo el largo y ancho de la provincia.
Eligió a
la Comadreja como su nueva llamada; uno, dos y tres tonos. Sabía que ella no le
rechazaría la llamada.
-Bueno,
¿quién habla?
-¿Cómo
que quién habla? Soy Cerdo mi querida Comadreja. Oye tendrás un minutito para
que te cuente el chisme del momento, acaba de llegarme calientito y de primera
mano.
El gesto
de la Comadreja cambió de uno serio al de alguien que acaba de recibir un
aumento de sueldo.
-¡Por
supuesto mi Cerdito! Dime ahora ¿quién es el elegido?
-Pues la
verdad me da pena, pero qué le vamos a hacer. Resulta que hace un rato se acaba
de ir el Panda después de platicarme su rollo. No te la voy a hacer larga
porque me da mucha hueva.
-Al
grano, porque voy manejando y ya sabes que en la ciudad todos parecen bestias
al volante, además de que los policías de tránsito cada vez son más perros.
Cerdo se
aclaró la garganta para darle mayor realce a las palabras que saldrían. Del
otro lado la Comadreja movía la palanca de velocidades para después bajar el
volumen del estéreo.
-Ya vas.
Resulta que el Panda quiere cambiarse de color, que ya se hartó de ser blanco y
negro. Solo quiere ser de uno, y pues la verdad no me gusta ser chismoso pero
como que eso no es de Dios. ¿Apoco tú te cambiarías algo solo porque ya no te
sientes a gusto?
-Jamás,
no podemos ir en contra de los designios que han estado de generación en
generación. Deberíamos de hablar con él para que se apacigüe y busque otra
salida, ¿no crees?
-Traté de
hacerlo entrar en razón poniéndole como ejemplo a “La Loba” pero no me hizo
caso. Dice que no le importa lo que digan los demás, que somos una bola de
metidos y que cada uno debería de preocuparse por sus vidas.
Esto
último provocó en ambos diversas sensaciones. A Cerdo le recorrió un frío por
toda la espaldilla porque sabía que era una vil mentira digna para adornar el
hecho. A la Comadreja le encolerizó tanto que por poco pierde los estribos y
choca con otro automovilista.
-Pues
será el sereno- dijo la Comadreja, -nadie puede ir en contra de lo que los
demás creemos. Lo único que se buscará es la desaprobación total de quienes
vivimos aquí. No le quedará más que irse a otro lugar y déjate que sea por su
cambio, sino por el hecho de insultarnos de esa manera. Ofende mi inteligencia
y aún más el interés y cariño que le tengo.
-Eso
mismo le he dicho al muchacho, pero ni modo. Sólo te hablaba para comentártelo,
sé que siempre estás interesado en éste tipo de cosas. Me despido porque ya
tengo que levantar el changarro y mi vieja quiere que la lleve a comprar no sé qué
cosas. ¿Cuándo pasas por la casa? Tiene ya años que no nos das ese gusto de
atenderte como debes.
¡Qué
asco!, pensó la Comadreja y recordó toda la suciedad en la que vive esa
familia. Por no decir de la comida que le prepararon, la cual le provocó una
indigestión durante un par de semanas.
-Pues yo
creo que la próxima semana tengo tiempo, yo te regreso la llamada. Cuídate
mucho querido, saludos a todos,
-¡Órale
pues!, estamos en contac….
Ella ya
había colgado antes de que él terminara la despedida.
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